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dic
09

Las cenizas serían positivas para los bosques de arrayanes

 


El Programa de Emergencia por la Erupción Volcánica (PROEVO), creado por la universidad rionegrina para el apoyo de proyectos científicos, desarrollo tecnológico y asistencia técnica vinculados con la erupción del volcán Puyehue-Cordon Caulle, comenzó el trabajo “Bosques de Arrayanes: ¿Son beneficiados por las cenizas?”, que encargó a un equipo de científicos y alumnos.El arrayán, cuyo nombre científico es Luma apiculata, es un árbol nativo de los bosques templados de Argentina y Chile, que puede vivir hasta 400 años, y sólo en los dos lugares bajo estudio se caracteriza por alcanzar una altura máxima de 20 metros.

El ingeniero forestal Adolfo Moretti, quien junto al técnico Santiago Quiroga, ambos de la Administración de Parques Nacionales, encabeza el estudio, afirmó que “hace varios años que estudiamos diversos aspectos de las poblaciones de arrayanes en ambos sitios”.

“El diámetro del tronco puede ser tal que sólo tres personas juntas pueden abrazarlo, y se caracteriza por crecer con formas increíbles y misteriosas”, dijo.

La acumulación de ceniza de contextura tipo arenosa llegó en algunos sectores a un espesor de 10 y hasta de 15 centímetros en los lugares bajo estudio, y por eso “el suelo ahora está funcionando como un gran almácigo, ya que las semillas se depositaron encima de esa ceniza”, sostuvo Quiroga. Destacó que el suelo con estas características “podría ayudar a la semilla de arrayán a crecer mejor y con menor o nula competencia de otras especies”.

Para medir el éxito de crecimiento de nuevos arrayanes a partir de las semillas depositadas en el suelo este invierno el equipo de Moretti estableció doce parcelas de estudio: seis en la Isla Victoria y seis en la Península de Quetrihué. En cada lugar, tres de esas parcelas fueron “desarenadas” para llegar al suelo superficial que actúa como testigo de cómo estaba el terreno antes de la erupción.

Los investigadores señalaron que “las semillas de esta especie cayeron al suelo entre mayo y junio y en primavera están comenzando a germinar” y remarcaron que “el primer verano posterior al comienzo de la erupción será crítico”.

La Isla Victoria y la Península de Quetrihué, cercanos a San Carlos de Bariloche y Villa La Angostura, donde se asientan los bosques de arrayanes, son reconocidos por su atractivo turístico a nivel mundial, pero fueron golpeados en su economía, fauna y en aspectos de la salud y educación de la población, por la caída de las cenizas volcánicas.

El equipo de investigadores del Parque Nacional Nahuel Huapi y estudiantes de la Tecnicatura en Viveros de la UNRN buscarán probar “si ese fenómeno puede causar un impacto ambiental positivo al impulsar la regeneración de esos bosques nativos”, bajo la hipótesis de que la especie arbórea “podría verse beneficiada en forma excepcional con este fenómeno natural”.

Dinámica natural de los parques nacionales

El trabajo forma parte de un proyecto de investigación financiado por el PROEVO, que es coordinado por la universidad e impulsa otros 23 proyectos en relación con los impactos de las cenizas.

En los últimos 15 años se registró un aparente decaimiento del bosque de arrayanes de la península de Quetrihué y los investigadores destacaron que la corteza de los árboles “está más pálida, hay muy poca o nula regeneración y la presencia creciente de renovales de ciprés de la cordillera y de coihue, que son dos especies nativas, podría ir ocupando nichos donde antes había arrayanes”.

Sostuvo el informe que “una de las razones de ese decaimiento estaría asociado a prácticas humanas, ya que antes de que esa zona fuera protegida para su conservación, las demás especies de árboles nativos eran controladas por tala por los habitantes de la estancia privada a la cual pertenecía”.

Esa práctica dejó de ser realizada cuando se constituyó el parque nacional, restableciéndose una dinámica natural que ahora se está estudiando.

Para contrarrestar la disminución de arrayanes, antes de la erupción hubo varias estrategias en marcha, una de ellas la cría de plantines de arrayán en el vivero de Isla Victoria para ayudar a restaurar el bosque.prensa.argentina.ar

 

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